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Muchos de nuestros clientes, cuando deciden incorporar un cachorro a sus hogares, acuden a nosotros para pedirnos consejo ya que se encuentran muy perdidos a la hora de tratar a ese cachorro.




Muchos, no saben si tienen que llevarlo inmediatamente al veterinario, cuánto tienen que darle de comer, de qué hay que vacunarlo... así que, en este artículo, vamos a ver exactamente qué es lo que necesitamos desde que el cachorro llega a casa.

Lo primero que tenemos que tener claro es que aceptar la responsabilidad de tener un cachorro no es una cosa temporal, sino que es un compromiso que estamos adquiriendo durante muchísimo tiempo. Por lo tanto, tenemos que intentar, en todo momento, que el animal tenga todas sus necesidades básicas cubiertas. Estas necesidades las resumimos en:

  • Salud 
  • Ejercicio  
  • Alimentación  
  • Educación  
  • Aseo

La salud del cachorro: un tema prioritario


Debemos tener controlada la salud del cachorro sobre todo en sus primeros meses, porque tienen un sistema inmunitario mucho más débil que un perro adulto.

Una de las cosas que más frecuentemente hacen los dueños de cachorros recién adquiridos es llevarles directamente al veterinario. Esto es algo que está bien cuando el animal presenta algún problema a simple vista. Sin embargo, de no ser así, esta práctica puede resultar contraproducente.

Cuando el cachorro llega a casa estamos cambiado todo su hábitat, su entorno conocido, por lo que, normalmente, llegan muy estresados. Es por eso por lo que, muchos cachorros, permanecen muy tranquilos los primeros días o, al revés, están precisamente sobreexcitados porque están muy descolocados ante la nueva situación: les hemos separado de su madre, les hemos separado de sus hermanos, y están en un sitio nuevo y desconocido. Esto les puede generar mucha inseguridad y de ahí esos comportamientos que nosotros podemos achacar a enfermedades y que es de lo más normal. Asimismo, este “estrés” también puede causarles heces más sueltas, motivo por el cual no debemos preocuparnos si no es un síntoma que se alargue más de 48hrs.

Por lo tanto, lo ideal es no someterles al “estrés” de la visita con el veterinario nada más llegar a casa. Lo ideal, en caso de que no presente ninguna sintomatología que nos haga sospechar de algún tipo de enfermedad, es esperar con él en casa durante tres cuatro días para que se acostumbre al hogar, a nuestras costumbres y a su nueva rutina. Una vez haya pasado ese tiempo prudencial, sí que sería conveniente acercarle al veterinario para efectuarle un chequeo general y comprobar que las vacunas y la desparasitación, si la tiene, estén al día y correctamente hechas.

Otra de las cosas que nos preguntan nuestros clientes cuando están en posesión del cachorro es qué vacunas hay que ponerle. Durante los primeros meses de vida del cachorro tenemos que ir poniendo una serie de vacunas que, al contrario de lo que creen muchos propietarios, no se ponen de golpe, sino que se van poniendo cada 15 días aproximadamente.

El plan vacunal como tal empezaría a partir del mes y medio de vida del animal, pero, antes de vacunar, hay que desparasitarlo. Esto es muy importante, ya que los parásitos internos pueden acabar con la vida de un cachorro, al tratarse de un animal de muy poco peso, con un sistema inmune débil. Los parásitos intestinales se alimentan de los nutrientes que está adquiriendo el perro, por lo que, de no tratarlo, podrían llegar a consumir al perro impidiendo un correcto desarrollo de la masa muscular y ósea.

Una vez correctamente desparasitado, y sin presencia de parásitos en heces durante al menos 7 días, habrá que empezar a poner todas las vacunas según el protocolo de vacunación de cada veterinario.

Junto a lo anterior, aunque el cachorrito sea muy pequeño y no salga a la calle, deberemos protegerle de los parásitos externos. Pulgas y garrapatas pueden tener acceso al cachorro a través de otros perros e, incluso, a través nuestro. Por lo que deberemos preguntar en nuestra tienda, o a nuestro veterinario, qué producto podemos utilizar. Debemos tener mucho cuidado, pues el producto a utilizar debe tener en cuenta tanto la edad como el peso del cachorro.


Ejercicio: ¿un cachorro puede hacerlo?


Hacer ejercicio es muy importante para los cachorritos ya que estos son muy enérgicos.

Durante los dos o tres primeros meses de vida, es posible que tu cachorro solo juegue durante un par de horas a lo largo del día y el resto se lo pase durmiendo. Sin embargo, a partir de los tres meses, es más probable que notes un cambio en su energía, aumentando hasta a niveles que ni creíamos posibles.

Es entonces cuando el cachorro va a requerir más que nunca nuestra atención. Por ello, es importante practicar muchos tipos de juegos y ejercicios para que se cansen.

Al principio, y hasta que no tenga puestas las tres primeras vacunas, no podremos sacar al animal a la calle, al menos pisando suelo. Por lo tanto, es muy importante el trabajo que hagamos en casa. Existen para los cachorros, un montón de juguetes y un montón de juegos que podemos utilizar y que harán que nuestro cachorrito acabe agotado, que es de lo que se trata.
 
Esto es muy importante ya que, de no quemar la energía durante el día, nos harán muy difícil dormir de noche. Es muy habitual que los cachorritos nada más llegar a casa lloren durante la noche porque hemos cambiado su hábitat: ahora están en un sitio diferente, donde todo les resulta extraño y todo les genera inseguridad. De ahí que, un error que suelen cometer muchos propietarios de mascotas, es sobreproteger al perro desde la primera noche. Es decir, nada más que llora lo cogemos en brazos, lo metemos en la cama, duermen con nosotros… Con esto, no estamos ayudando al perro, estamos convirtiéndole en un ser inseguro que en el momento en el que tenga algún tipo de miedo va a llorar o a ladrar… de ahí que, en unos meses, cada vez que nos vayamos de casa para trabajar, esto se convierta en una costumbre indeseada.

Por lo tanto, y para corregir esto desde el primer momento, lo ideal es crear espacio para él lo más confortable posible: con su camita, algún juguete… incluso es recomendable poner un reloj o poner musiquita de fondo para que el perro se encuentre acompañado.

Lo que no podemos hacer es atender al perro cada vez que esté llorando o ladre, ya que esto le puede llevar a aprender que, llorando o ladrando, va a llamar nuestra atención y eso va a hacer que llore y que ladre más.

Un truco que podemos hacer es jugar mucho con él cuando vayamos a irnos a dormir, de manera que le dejemos muy cansado y así, cuando se quede dormido, no llorará tanto al no tener fuerzas ni siquiera para llorar.
 

La alimentación: ¿qué come un cachorro?


En cuanto a la alimentación, una de las grandes dudas que tienen muchos propietarios de cachorros es: cuántas veces le tengo que dar de comer y qué le tengo que dar de comer.

En cuanto a las veces que tenéis que darle de comer, al menos durante los seis primeros meses, es conveniente que el cachorro coma tres o cuatro veces al día. Es decir, que la toma diaria que os marque el saco de pienso la repartáis entre esas veces. Esto es así porque el cachorro viene de mamar de la madre y es algo que hace a demanda, es decir, que come cuando quiere. Por lo tanto, si ahora lo llevamos a casa y nada más que le damos de comer una vez, es probable que lo haga con mucha ansiedad y luego pase mucha hambre el resto del día.

Por eso es recomendable, hasta los 6 meses, darle 3 o 4 tomas al día y, a partir de los 6 meses y hasta el año, dejarlo en tres tomas al día. A partir del año pues ya se reduce a dos tomas o, inclusa, en una.

Igualmente, tampoco es recomendable poner el pienso y dejárselo puesto todo el día. Lo ideal es servirle la toma, dejarla puesta durante 15 minutos y, si no se la come, pues la retiramos. En caso de que no se coma alguna de las tomas pues sí que podemos repartir esa dosis con las demás.

A partir de los dos meses el perro puede empezar a comer ya pienso totalmente seco. Con ello, ya estaremos cubriendo todas sus necesidades alimentarias. Por lo tanto, no es necesario complementarlo con paté ni con ningún tipo de aditivo. Ya que, si le acostumbramos a acompañar el pienso, podríamos acostumbrarle a comer el pienso solamente cuando hay paté.

En definitiva, el cachorro debe comer pienso para cachorro. No debemos darle pienso para adulto ni pienso para gatos.


Educación: ¿es el cachorro muy pequeño para enseñarle cosas?


Un perro a partir de los dos meses, y hasta los doce meses aproximadamente, es una esponja. Es cierto que, a partir de los seis meses el perro entra en una etapa de adolescente con ciertos toques rebeldes, pero, aun así, es el momento en el que más rápido aprenden.

Hay muchas cosas importantes que el cachorro debe aprender. Una de ellas, que es en la que menos piensa el propietario de la mascota, es enseñar al perro a quedarse solo.

Si desde el momento en el que llega a casa duerme solito ya estamos ayudándole a quedarse solo sin ningún tipo de problema. Pero también es recomendable, a lo largo del día, dejarle varios momentos para que el perro esté solo, para que juegue solo, que no tenga nuestra atención. Así, cuando nos vayamos a trabajar, asumirá que no estamos y no tendrá ningún tipo de problema.

Hay cachorros acostumbrados a que sus dueños estén todo el día con ellos. El problema es que, cuando el dueño se va, porque tiene que ir a comprar o porque tiene que trabajar, el perro se encuentra solo e inseguro y comienza a desarrollar conductas indeseadas.

Junto a esto, resulta interesante, también, enseñarle a estar en un trasportín porque, a la hora de llevarle al veterinario o desplazarse a cualquier lado, va a necesitar utilizar este medio de transporte.

La forma más segura de trasladar animales en coche es ir en un trasportín metido en los pies del asiento de atrás del coche. O, si es un perro más grande o adulto, en un trasportín amarrado en el maletero. Aunque también podemos llevarles en el maletero agarrados con una correa al maletero separados del habitáculo del vehículo por una red o por una reja.

Si enseñamos al perro a ir en un trasportín, le enseñaremos también a estar en una jaula, algo que nos puede ser muy beneficioso a la hora de irnos a trabajar para quedarnos tranquilos de que el animal no haga ninguna trastada. Muchos propietarios son muy reticentes a poner una jaula a las mascotas. Esto es un error muy común. Lo que debemos saber es que al perro no le pasa absolutamente nada por estar en una jaula. Lógicamente, también influye mucho el tiempo y las condiciones en que tengamos al perro encerrado en la misma. No podemos tenerle más de 6 horas y sin bebida o sin poderse mover. Pero, si le tenemos las horas precisas y con todas sus comodidades, el perro estará mucho más tranquilo, ya que son animales de madriguera, no de espacios abiertos. Por lo que, al contrario de lo que creen muchos propietarios, dejar al animal con toda la casa para él solo, con la ilusión de dejarle con todo el espacio del mundo, es un error. Cuanto más espacio les demos, más cosas habrá que le puedan dar miedo. Además, aquellos que tienen perros sueltos en casa saben que, al final, el perro se pasa todo el rato durmiendo en un rincón.

La calle es otra de las grandes preguntas: cuándo podemos sacar al perro. Pues bien, al perro podemos sacarle a la calle desde el día 1. Es más, es nuestro deber como propietarios responsables el hacerlo. Sin embargo, nos referimos a salidas controladas, es decir, salidas en las que el perro no debe pisar el suelo. Para poder sacarlo a pasear, tendremos que esperar a que hayan pasado 15 días desde que se pusiera la tercera de las vacunas de cachorro.

Mientras tanto, lo mejor es aprovechar que es pequeño y manejable para llevarle a todas partes y que se acostumbre a otros olores, a oír ruidos fuertes… Simplemente con eso, ya estamos ayudando a que el perro sea muchísimo más sociable y que nos sea mucho más fácil salir con él el día que podamos pisar el suelo.

Además de para quemar energía, uno de los motivos principales por los que hay cierta urgencia en sacar al cachorro es para enseñarle a hacer sus necesidades. Esto es algo que podemos practicar desde casa. Lo ideal es comprar al cachorro unas empapaderas acorde con su tamaño y premiar cada vez que el perro haga sus deposiciones en ella. A medida que se vaya acostumbrando podemos ir acercando la empapadera a la puerta para que vaya relacionando el pipí con la calle.

En el caso de personas que cuentan con un patio, jardín o balcón, no recomendamos enseñar al perro a utilizar estas zonas para que aprenda a hacer sus necesidades. Ya que, al final, el animal se acostumbrará a hacerlas ahí y nos encontraremos con muchas dificultades para trasladar esa enseñanza a la calle. Es posible, si le enseñamos a que lo haga en un patio, que cuando le saquemos, el animal se aguante las ganas y espere al llegar a casa para efectuar sus deposiciones. Por ello, debemos olvidarnos del jardín o el patio para que el lugar en el que haga sus cositas sea siempre el que debe ser: la calle.

Es normal que, al principio, el perro no haga sus cosas en la empapadera. Podemos ayudarle impregnando la empapadera en el propio pis, pero, además, podemos ayudar al cachorro colocándole sobre la empapadera cuando tenga ganas de hacer sus necesidades. Esto, que parece muy complicado es de lo más sencillo. Los cachorros siempre hacen sus necesidades:
 
  • 10 minutos después de comer o beber 
  • Recién levantados  
  • Después de una sesión de juegos

Por lo tanto, si estamos atentos a estos momentos, es muy fácil controlar cuándo colocar al perro sobre la empapadera.

Una vez el perrito lo tenga más o menos claro, debemos empezar a premiar cada vez que haga sus necesidades en la empapadera. Para ello, podemos utilizar el pienso de parte de su dosis diaria. Al principio podemos ir premiando cuando lo haga cerca de la empapadera y continuar premiando a medida que se vaya acercando más a ella.


El aseo: cuando manipular al animal se vuelve fundamental


Es trabajo del criador del cachorro el acostumbrar al animal a la manipulación. Esto es, que el cachorro se deje tocar las orejas, las patas, la boca. Que pongamos atención en estas cosas es algo fundamental pues, un animal que se deja manipular, no pondrá resistencia en el veterinario o en la peluquería y se evitará, con ello, que nuestra mascota se estrese más cuando se encuentre frente al profesional de ambos ámbitos.

Si la persona a la que hemos comprado el animal o el lugar en el que le hayamos adoptado no ha realizado este ejercicio de manipulación, será responsabilidad nuestra comenzar a ponerlo en práctica. Es muy sencillo, basta con que acariciemos al perro poco a poco por todas partes. Al principio basta un par de segundos, no más. Y poco a poco iremos aumentando el tiempo. Al terminar de tocarle por todos lados deberemos premiar al animal, bien con juguetes o con chuches.

Es importante no dejarse ningún lugar: cola, patas, orejas, boca, barriga… Además, en caso de perros de pelo largo o perros que vayan a necesitar acudir a la peluquería, recomendamos que, una vez que el animal esté acostumbrado a ser manipulado, empezar a acercar el instrumental que puedan utilizar en el veterinario o la peluquería. Al principio basta con que acerquemos la tijera y la hagamos sonar, o el peine, y poco a poco la iremos acercando. Si el animal se inquieta, podemos ayudarnos de chuches para que se concentre en eso y no en el ruido. Lo ideal, incluso, es poner el ruido propio de una máquina de pelar, para que no lo extrañe cuando le toque su visita a la peluquería.

Además, es recomendable que hagamos una limpieza de oídos cada 3 o 4 días. Basta con que compremos un limpiador, echemos un chorreoncito en cada oreja, cerremos la oreja dando un masaje y le dejemos sacudir la cabeza. Una vez el perro se haya sacudido, utilizaremos una gasa para limpiar todo el pabellón auricular. Si el cachorro tiene menos de 4 meses, bastará con darle con una toallita húmeda para perro y limpiar el pabellón auricular del perrete.

Junto a los oídos, tenemos que prestar atención a las uñas del perro. Al no poder salir a la calle a pasear, las uñas no se liman al andar. Por eso, deberemos hacer un corte de uñas periódico a medida que veamos que crecen demasiado. Es importantísimo acostumbrar al cachorro al cortaúñas para poder hacer esto. Por lo que deberemos seguir el método explicado anteriormente desde el primer día. Es fundamental que compremos utensilios de la mejor calidad ya que, si compramos cortaúñas o peines de mala calidad, podemos hacer daño a nuestra mascota fomentando el rechazo de ésta a este tipo de experiencias.

En cuanto al cuerpo, no recomendamos el baño antes de poner la tercera vacuna a no ser que sea estrictamente necesario. Si queremos dar buen olor o asear al animal antes de esta fecha, recomendamos adquirir un champú seco. El champú seco es como una espuma de afeitar, basta con frotárselo al perro y retirar el excedente con una toalla. No debemos bañarlo y aplicar champú porque el cachorro adquiere de la madre una capa grasa protectora que perdería con el baño. Además, en caso de tener que bañarlo, jamás recomendamos hacerlo con un champú de humano o de mala calidad, ya que el ph de la piel del perro es distinto al de la nuestra y su piel es más delicada. Si usamos el producto incorrecto, además de no conseguir el objetivo de limpieza y durabilidad que deseamos, podríamos provocar una dermatitis que debería tratar un veterinario y provocar malestar en el animal.

En definitiva, aunque creamos que son muchas cosas las que tenemos que tener en cuenta a la hora de tener un cachorro, no son tantas si las vamos normalizando desde el primer día.
Aunque no se trate de una raza concreta, el gato doméstico es una de las principales mascotas de muchos hogares. Se trata de un animal de unos 5kgs de peso, aunque este valor puede ser distinto en función del gato en concreto. Los machos, por ejemplo, suelen tener un mayor tamaño y, por lo tanto, suelen pesar más que las hembras.

La longitud del gato ronda los 50cms sin contar la cola, pudiendo llegar a los 80cms si tenemos ésta en cuenta. Aunque, al igual que con el peso, la longitud de la cola puede variar según el tipo de gato o la raza a la que pertenezca.

El origen del gato doméstico podemos encontrarlo en la familia de los félidos, a la cual pertenecen espcies como el león, el tigre, el guepardo o el mismísimo lince.


No obstante, el gato doméstico se encuentra mucho más ligado, en cuanto al origen, con el gato salvaje africano que con cualquier otra variante dentro de la familia de los félidos.

La salud del gato doméstico

Un gato doméstico o común cuenta con una esperanza de vida media de unos 15 años aunque, en la realidad, la mayoría de los gatos no suelen superar los 10 años de vida.

Esa esperanza de vida es tan prolongada gracias a los sistemas de vacunación actuales. Numerosos estudios demuestran que si el gato no se vacunase, su esperanza de vida se vería reducida a los 6 o 7 años de edad. La mayoría, acabarían falleciendo a causa de enfermedades infecciosas, como la leucemia felina (FeLV) o el virus de la Inmunodeficiencia felina (FIV). De ahí que, especialmente para los gatos, resulte fundamental llevar a cabo correctmente su calendario de vacunación correspondiente.

Muchas familias cuentan con espacios para que el gato pueda moverse con total libertad, lo cual puede ser, en gran medida contraproducente para el animal. Cuando las hembras se encuentran en celo, es muy posible que se produzcan enfrentamientos entre los gatos que se encuentran próximos a ellas, por lo que, fruto de estas peleas, nuestra mascota podría llegar a infectarse de virus como el de inmunodeficiencia felina, que puede contagiarse a través del arañazo, la saliva o la sangre infectada de un gato que no haya sido correctamente vacunado y que pueda portar la enfermedad.

Asimismo, nuestro gato también puede ser vulnerable, a través de la saliva, a una bacteria de la familia de la Bartonella henselae, la cual puede contagiarnos a nosotros mismos y producirnos síntomas como la inflamación de los ganglios linfáticos, fiebre o pérdida de apetito.

El gato como mascota

No es hasta mitad del siglo XIX cuando el hombre comenzó a utilizar al gato como mascota. Hasta esas fechas, el gato vivía libremente, sobre todo, en las calles.

Sin embargo, en la actualidad, el gato es una de las mascotas preferidas por las familias que buscan un compañero en sus casas capaz de aportarles compañía, independencia y largos ratos de diversión y risas.

Así, el gato doméstico comenzó a formar parte de la larga lista de mascotas, en gran medida, con la aparición de los primeros ejemplares de pelo largo, como el caso del gato persa, en América del Norte y Europa, a principios del siglo XIX.

Actualmente existen unas 80 razas distintas de gatos que poseen tanto características físicas diferentes como de carácter. Mientras que el gato Persa o el Brittish resultan mascotas de lo más tranquilas, el angora turco o el siamés son especialmente activas

Aspecto del gato doméstico

Selkirk rex
Según la raza, exisen gatos como el Scottish, que cuentan con las orejas dobladas hacia delante. Pero no es esa la única peculiaridad que podemos encontrar dentro de los gatos domésticos. Esisten razas, como el Selkirk rex, que cuenta con un precioso pelaje rizado, o el Sphynx, que ni siquiera posee pelaje. Inlcuso podemos encontrar razas, como el Manx, que no cuentan con cola.

Según la longitud del pelo, podemos clasificar las razas de pelo corto, largo y semilargo. Dentro de las razas de pelo largo podemos incluir al Siamés, al Ruso azul o al Europeo. Dentro de los gatos de pelo largo, podemos destacar al gato Persa. Y, por último, un buen ejemplo de gato de pelo semilargo podría ser el Maine Coon o el del Bosque de Noruega.

En cuanto a la coloración del pelaje, podemos encontrarnos con un manto más o menos pigmentado. O bien, podemos encontrar un pelaje en el que la pigmentación sea más uniforme, dando lugar a ejemplares en los que sólo predomina un color y existe una total ausencia de dibujos tan típicos de otras razas.

El carácter del gato

Una de las principales carácterísticas del carácter del gato es su independencia. Aunque bien es cierto que existen ejemplares altamente apegados a sus dueños, por lo general, el gato sólo demanda atenciones cuando al animal le conviene. No obstante, esta independencia puede jugar a favor de muchos propietarios de este tipo de mascotas, pues el gato puede quedarse sólo en la vivienda hasta 3 días siempre que cuente con el alimento y el agua necesaria, algo más impensable para sus competidores los canes.

A pesar de la creencia general de que el gato es un animal curioso por naturaleza, lo cierto es que más que curiosidad lo que demuestran este tipo de mascotas es su carácter territorial, de ahí que nos sea muy fácil encontrarles encaramados a nuestros sofás o muebles. Los gatos son seres territoriales a los que les gusta tener controlados sus dominios, y qué mejor manera que subirse a la zona más alta para controlar todo el perímetro.

Otra de las características más definitorias del gato tiene que ver con su forma de comunicarse con el humano. Cuando el gato quiere atenciones sabe como llamar la atención de su propietario, y no dudará en hacerle saber que quiere mimos con el ronroneo, un sonido que demuestra su tranquilidad, seguridad y confianza.

Por otro lado, el gato es un animal nocturno, por lo que no deberemos extrañarnos si nuestra mascota llega a dormir hasta 12 horas durante el día y por la noche se mantiene despierto y con ganas de jugar y entretenerse. Se trata, en definitiva, de animales crepusculares, que adoran guardar energía durante el día para poder descargarlas por la noche.

Una de las cualidades que más aprecian los propietarios de los gatos es el carácter higiénico del animal, y no sólo en lo que a deposiciones de refiere, sino que se trata de una mascota al que le gusta cuidar de su pelaje y mantenerlo limpio y aseado, de ahí que cuenten con una lengua rugosa que actúa a modo de peine natural.



En definitiva, un gato puede ser la solución para todas aquellas familias que busquen añadir un miembro más sin tener que pasar por las demandas de atención y cuidados propias de un perro. Con un gato, bien es cierto que no tendrás las mismas atenciones que con un perro, pero podrás encontrar también a un compañero fiel que compartirá las horas del día a día ofreciendo independencia y largos ratos de diversión.

Una de las principales características del perro de aguas es su sentido de la lealtad y de la fidelidad respecto a su dueño. Sin embargo, lo que a simple vista puede resultar halagador, no deja de poder resultar negativo de cara al comportamiento del animal.

En el caso de esta raza en particular, aunque también en las demás, debemos asegurar a nuestra mascota una correcta socialización que garantice su buena relación con el resto de integrantes de la familia, así como con cualquier otra persona o animal. Un perro bien socializado es un perro feliz que disfrutará de cualquier tipo de compañía, de tardes de juegos con otras mascotas o, sencillamente, de una buena tarde de descanso en soledad.

El problema de la socialización en nuestras mascotas no tiene que ver exclusivamente con la incapacidad del animal de relacionarse con otras mascotas o con las personas, sino que también tiene que ver con el miedo que el perro pueda padecer ante determinados estímulos sonoros o visuales. Un perro que tiene miedo a los fuegos artificiales, a los golpes fuertes, etc. es un perro que no ha llevado a cabo correctamente el proceso de socialización.

Bien es cierto que, cada vez más, los criadores responsables se están ocupando de que sus camadas sean entregadas a los nuevos propietarios con el proceso de socialización ya iniciado. Colocar a las camadas sonidos de petardos, música, llevarlas a jugar con perros de otras camadas en lugares seguros..., forma parte de todo ese proceso de socialización que luego debe continuar el propietario.

Ocurre que, muchos dueños de mascotas, cuando adquieren el cachorro, optan por no sacarlos a la calle por el temor a que pueda enfermar ante la ausencia aún de una correcta vacunación. Sin embargo, con esto están privando al cachorro de enfrentarse a sus primeras experiencias con niños, ruidos de coches, autobuses... Por lo tanto, resulta altamente recomendable que el perro salga a la calle desde el primer momento en que llegue a casa, eso sí, en brazos para no correr riesgo de enfermedades.   

¿Por qué es importante la socialización del perro?

Resulta fundamental garantizar un buen proceso de socialización al perro para garantizar su bienestar y su equilibrio mental. Un perro mal socializado es un perro miedoso que no dudará en huir ante una situación para la que no está preparado o, en el peor de los casos, recurrirá a la agresividad como método de defensa personal.

Debemos entender que nuestro perro está bien socializado cuando no se asusta ante algo que no debería asustarnos a nosotros.

 
¿Cuándo debo socializar a mi perro?

El proceso de socializción es un proceso que debe desarrollarse durante toda la vida del animal. No obstante, existe un periodo crítico que abarca desde su nacimiento hasta el tercer mes de vida que es es especialmente crítico. Por ello, un perro que no haya sido debidamente socializado antes de este punto tendrá muchas dificultades para adecuarse a su entorno. En cualquier caso, cuanto antes se comience a socializar al cachorro más probabilidades de éxito se tendrá.

Además de este periodo crítico de socialización, existe otro periodo fundamental para ensañar al perro la inhibición de la mordida. Es decir, un periodo en el que enseñar al animal a morder sin hacer daño.

Normalmente, la inhibición de la mordida es algo que el cachorro aprende jugando con sus hermanos. Los cachorros, como juguetones que son, tienden a jugar a revolcarse y a morder, siendo los lamentos de sus hermanos los que les enseñan a modular la intensidad de juego y, con él, de la mordida también. Por lo tanto, es fundamental no separar al cachorro demasiado rápido del resto de la camada ni, por supuesto, de la madre. El periodo crítico para la inhibición de la mordida termina a las 16/18 semanas de vida del cachorro. En cualquier caso, el proceso comienza mucho antes y, si por circunstancias, incorporamos a la familia al cachorro mucho antes de esas 16 o 18 semanas es un comportamiento que deberemos corregir nosotros mismos.


El período crítico para la inhibición de la mordida termina entre las semanas 16 y 18 de la vida del cachorro. - See more at: http://www.deperros.org/adiestramiento/socializando-a-tu-perro.html#sthash.louHKLX2.dpuf


Aunque el verano se va terminando , el aumento de las temperaturas ha ido favoreciendo aparición y reproducción de pulgas, garrapatas e insectos para convertirse en causa de problemas de salud para nuestras mascotas. De entre todos ellos, el insecto más preocupante, como propietarios de un perro, debería ser el conocido flebotomo, el mosquito transmisor de la temida leishmaniosis la cual, de no ser tratada a tiempo, puede llegar a causar la muerte en el animal.

Por lo tanto, sobre todo en estas fechas, deberemos hacer especial hincapié en la protección de nuestro animal frente a cualquier tipo de parásito pues en mayor o menor medida, todos ellos afectan negativamente a la calidad de vida de nuestra mascota.


Pulgas

Las pulgas es un tipo de parásito externo de aproximadamente 2 milímetros de color negro y patas largas que les permiten saltar, lo cual hace que resulte prácticamente imposible capturarlas. Se alimentan de sangre pero, a pesar de ello, son más molestas que peligrosas. Su picadura no transmite enfermedades importantes pero sí que puede llegar a irritar la piel provocando dermatitis en el caso de algunos perros.

Podemos pensar que nuestra mascota tiene pulgas, en la mayoría de los casos, si le vemos rascarse mucho y morderse la piel.

En ese caso, deberemos cepillar bien al perro, revisando su pelo y, si notamos unas pequeñas manchas negras en forma de puntitos, deberemos humedecerlas de manera que, si se vuelven rojas, son las heces de las pulgas que se han vuelto sangre.

En este caso, no dudes en llevarlo al veterinario para que allí te recomienden líquidos especiales para bañar al animal junto a pipetas o pastillas que te ayuden a prevenir la aparición de más parásitos.

Garrapatas

Las garrapatas son parásitos que pueden provocar graves enfermedades tanto en erros como en personas. Son pequeños artrópodos cuyo hábitat natural es el  campo y los animales domésticos, en los que se camuflan bajo el pelo. Eclosionan con el calor seco del verano, esperando en la vegetación para engancharse a los animales. Una ves en el animal van trepando hasta llegar a un lugar en el que se sienten cómodas para parasitar. Ahí enganchan la cabeza y empiezan a absorber la sangre de nuestras mascotas, pudiendo alcanzar un gran tamaño debido al almacenamiento de la sangre.

Sobre todo en grandes cantidades, las garrapatas pueden provocar patologías tales como anemia, problemas cutáneos, parálisis nerviosa...

A la hora de detectar enfermedades producidas por la presencia de garrapatas en el animal, deberemos estar pendiente de si el perro tiene fiebre, anemia, cojera o dolor en las articulaciones.

En caso de detectar garrapatas en el animal o notas que tu perro tiene alguno de los síntomas anteriores, deberemos acudir al veterinario para que este nos aconseje acerca del tratamiento y formas de prevención.

Como propietarios, deberemos revisar al perro, sobre todo el pelo, orejas, muslos u almohadillas, después de pasear por lugares de riesgo. Debemos tener en cuenta que el perro no va a mostrar ningún síntoma hasta que enferme, ya que las garrapatas introducen una sustancia anestésica que hace que el animal no se rasque al no sentir ningún tipo de molestia.

Le he encontrado a mi perro una garrapata ¿cómo puedo quitársela?

Si has encontrado una garrapata en tu perro, debes procurar retirarla cuanto antes, para ello, deberás seguir una serie de pasos para quitar el parásito con corrección ya que, en caso contrario, podemos dejar la cabeza aún incrustrada y provocar infecciones. Por lo tanto, a la hora de extraer la garrapata deberemos:

1.- Pulverizar al parásito con un tratamiento antiparasitario o untar a la garrapata con aceite para que, de esta forma, muera asfixiada, al no poder respirar debido a que el aceite le impide hacerlo.

2.- Una vez haya muerto, ésta debería desprenderse y caerse por sí misma, de no ser así, podemos usar unas pinzas y tirar con cuidado hasta extraerla. 

3.- Cuando ya la hayamos extraído, lo ideal es tirarla a la basura o quemarla ya que, de otro modo, podríamos estar propagando las bacterias que estos parásitos contienen en su interior.




Mosquitos

En el caso de los mosquitos, probablemente sean los parásitos menos molestos para el animal y, sin embargo, resultan los más peligrosos por transmitir enfermedades como la leishmaniosis o la filariosis, ambas enfermedades que pueden llegar a ser mortales para el animal.

Los perros que corren más riesgos de padecer alguna de estas enfermedades son aquellos que duermen al aire libre. Por lo tanto, una buena manera de prevenir la picadura de este tipo de mosquitos será alejarlos de zonas con aguas estancadas y, sobre todo, no dejarles dormir al aire libre, especialmente, en la época de calor.

Más allá de lo anterior, existen toda una serie de tratamientos preventivos que, a pesar de no garantizar al 100% la protección de nuestras mascotas, sí que pueden protegerla en gran medida. Por lo tanto, lo ideal es recurrir a este tipo de productos para tratar de evitar la enfermedad.

La Leishmaniosis
 
La Leishmaniosis es una enfermedad provocada por un parásito que invade diferentes órganos del animal provocando lesiones que, en el peor de los casos, puede llegar a provocar la muerte. Por desgracia, esta enfermedad aún no tiene cura, de manera que, si tu perro la contrae, deberá vivir con ella de por vida.

La leishmania se transmite por la picadura de los flebotomos hembras (que necesitan de la sangre para desarrollarse y poner huevos), que viven en lugares secos y buscan lugares oscuros como sótanos, zonas de escombros, agujeros de muros, o madrigueras.

A la hora de detectar la leishmania, desgraciadamente, no siempre podemos contar con síntomas evidentes y, de presentarse, lo hace cuando la enfermedad está avanzada. En esto caso, podemos observar lesiones en la piel, lesiones oculares, articulares o renales. En este caso último, aparece cuando la leishmania se encuentra en un estado muy avanzado.

Ante el menor síntoma, deberemos acudir con el perro al veterinario para asegurarnos de que los síntomas se corresponden a la leishmania y no a cualquier otra enfermedad. No obstante, lo mejor que podemos hacer por la salud de nuestra mascota es proporcionarle todos los medios de prevención posibles, ya sea a modo de pipetas, collares o vacunas.

La filariosis (Gusano del corazón)


Con la filariosis nos estamos refiriendo a la enfermedad contraída por el perro a partir de la picadura del mosquito portador de esta enfermedad. Cuando el mosquito ha absorbido la sangre de un perro enfermo, absorbe las larvas de esta enfermedad, transmitiéndoselas a otro animal sano a través de su picadura.

Al hablar de esta enfermedad, también suele hablarse del gusano del corazón. Con ello nos estamos refiriendo al gusano que se puede llegar a formar en el animal enfermo a medida que las larvas que le han sido introducidas en su organismo comiencen a desarrollarse.

Este gusano, que puede llegar a medir varios centímetros de largo, puede acabar con la vida del animal ya que, por una parte, absorbe gran parte de los nutrientes que ayudan al perro a desarrollar las actividades metabólicas necesarias para enfrentar el día a día pero, además, al ser un gusano tan grande, puede llegar a invadir órganos fundamentales para la vida del perro como el corazón o los gusanos.

Algunos de los síntomas que nos pueden hacer sospechar de la presencia de este tipo de parásitos es:

- Tos suave y crónica
- Aceleración de la respiración
- Cansancio y tristeza general
- En ocasiones falta de apetito
- Ataques durante la realización de ejercicio

De este modo, en función de cuándo detectemos la enfermedad en el animal, podremos enfrentarla de un modo u otro. Para aquellos ejemplares que sólo cuenten con larvas en su organismo, podría bastar con llevar a cabo un tratamiento a base de medicinas. Mientras que, en el caso de perros con presencia de gusanos, además del tratamiento a base de inyecciones o pastillas, podríamos tener que recurrir a la intervención quirúrgica.

En definitiva, como propietarios, nuestra labro consiste en tratar de evitar que el animal sea expuesto a este tipo de enfermedades, ya sea a través de pipetas, collares, pastillas o vacunas. De este modo, aunque no podamos garantizar al 100% la protección del perro frente a este tipo de parásitos, sí que estaremos haciendo todo lo que está en nuestra mano para garantizarle una vida lo más saludable posible.

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